Debate sobre “Mito: paradigmas e ideologías de la crítica”

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[Se incluye a continuación una transcripción de las cuestiones y preguntas planteadas durante y después de la intervención de José Manuel Losada tras la lectura de "Mito: paradigmas e ideologías de la crítica" en la Universidad Complutense de Madrid].

 

Javier del Prado: Tanto Literatura y sensación, como Poesía y profundidad, son anteriores a estas teorías de Durand. Hay un error que Durand comete y es que, mientras Richard menciona a Durand, Durand no menciona nunca a Richard, cuando lo conoce perfectamente.

[...]

Javier del Prado: ¿me dejáis que corrija esta definición mía de tema? «cristalización textual analógica de una relación del yo con algún elemento de la realidad motivada por algún incidente existencial, cuyo motor es una determinada constante de la percepción y de la ensoñación». La crítica temática pone de manifiesto lo siguiente: cuando alguien ensueña algo lo hace siempre conforme a unas constantes arquetípicas. Por ejemplo, el tema del contacto Aleixandre lo ensueña a través de la catálisis del roce, no del golpe. No se pueden buscar en su obra olas que chocan contra las rocas, sino olas que cabrillean y se rozan unas con otras, o con la orilla. Después se pueden sacar conclusiones ideológicas o existenciales. O el tema de la muerte. Mallarmé siempre lo sueña a través de elementos metafóricos que nunca van a la muerte por violencia, sino por evanescencia (la ola contra la roca muere de forma violenta; la ola en la orilla, por evanescencia). Todas las metáforas de Mallarmé relativas al tema de la muerte son modulaciones a través de la espuma, desde la espuma del champán, que se desvanece en la copa, al tema de la nube como espuma aérea, al follaje, como espuma vegetal, o al esperma, que se desvanece en la sábana. A estos elementos los llamo catalizadores. El motor de esta ensoñación es una determinada constante de la ensoñación y de la percepción, y son estas constantes lo que permite construir la coherencia de la obra. Esta ensoñación tiene un sustento, o una sustancia, ofrecida por la arqueología mítica. En todas las civilizaciones la nube, el humo, son símbolo de la desaparición. Pero me da la impresión de que José Manuel me va a catalogar como existencialista...

José Manuel Losada: no, yo me he limitado a leer la definición que habías dado: «cristalización textual analógica de una relación del yo con algún elemento de la realidad motivada por algún incidente existencial...,».

[...]

María Luisa Guerrero: para mí arbitrario no es opuesto a espontáneo, sino algo que no responde a un plan predefinido.

José Manuel Losada: lo digo en el sentido de Saussure, arbitrario como no espontáneo.

María Luisa Guerrero: en ese sentido, sí. [...]

Javier del Prado: el mito de Edipo es importante en el mundo moderno porque me parece que uno de los grandes mitologemas, en el sentido de Durand, es el ser sin padre. Éste es el gran mitologema que surge a fines del XIX, con los tres grandes parricidios: Revolución Francesa, muerte del rey; la muerte de Dios; y la del pater familias. Parece lógico que Edipo sea el gran relato mítico del siglo XX.

José Manuel Losada: Es decir, el hombre sin lo que antes se consideraba que formaba parte de su esencia, su origen. ¿Por qué? Porque la pérdida de la paternidad es uno de los temas del existencialismo.

Asunción López-Varela: ¿O es porque aparece la madre?

José Manuel Losada: Todo lo que sea origen apunta a la esencia. Por eso he dicho que Saussure no se preocupa del origen de las lenguas. Pero si suprimimos la madre y el padre puedes preguntarte por el origen de otra manera.

María Luisa Guerrero: Pero sigues preguntándote por el origen.

José Manuel Losada: Sí, puedes preguntarte de otra manera, pero tienes que barrer todo o que ha habido antes.

Javier del Prado: El concepto de existencialismo es a partir de lo que uno se va a hacer, e implica necesariamente eliminar el origen, porque determina. Sólo puedo asumir mi existencialismo en estado puro eliminando al padre.

José Manuel Losada: eso lo hace Heidegger, y lo hace Sartre, que es toda una crítica a Descartes, del que no puede zafarse.

Javier del Prado: Es toda la dinámica de Rojo y Negro y de J. Sorel, como primera manifestación de esa dimensión. Durand tiene un problema histórico que posiblemente explica las contradicciones que tiene de su existencialismo posible con un esencialismo que puede emerger en algún momento: ¿hay algo que permanece más allá de la historia? El problema le viene de la Segunda Guerra Mundial. Durand es incapaz de zafarse de la catástrofe histórica que representa la Segunda Guerra Mundial, y hay una especie de incapacidad intelectual de asumir el devenir histórico. Él, que hizo gala de tener todas las medallas de la Resistencia, en él hay un nudo gordiano existencial que le impide asumir la historia. De ahí sus discusiones con Sartre y con Lévi-Strauss. Y después hay en él, no sé cómo llamarlo para no ser hiriente, como una aristocracia intelectual que le impide asumir el devenir de los pueblos, o del pueblo ligado a su propia dinámica.

María Luisa Guerrero: Eso es también muy francés, muy intelectual francés.

Javier del Prado: Eso lo manifiesta en un momento dado cuando dice que a los pueblos es necesario ofrecerles una mitología mitigada (mythologie mitigée), unas creencias permanentes que los mantengan quietos, en la fe, en el nido, pero no excesivas, porque si no caeríamos en la superstición), algo que permita al pueblo sentirse a gusto en el estado en el que está. Estas dos dimensiones personales en Durand introducen en él un posible conflicto. Él, que no se define mitólogo, sino sociólogo, debería haber insertado su teoría en el devenir histórico. Hay en él unos hiatos muy fuertes.

María Luisa Guerrero: Entonces no podría clasificarse ni como existencialista ni esencialista, estaría en un limbo.

Javier del Prado: No sé clasificarlos, sé que hay un juego de contradicciones, y que su análisis no funciona para obras insertas en la historicidad.

Asunción López-Varela: Yo quiero añadir más leña al fuego. Me han gustado dos cosas que has dicho de Durand, pero antes voy a decir cosas que he echado en falta. Voy a mantenerme en un nivel abstracto, sin poner ejemplos de mitos. A mí me gusta mucho leer filosofía por mi cuenta. Esto puede llevar a errores de interpretación. La distinción entre esencialismo y existencialismo que has hecho me ha parecido sumamente arriesgada, tan arriesgada, que me encanta, porque necesitamos distinciones de ese tipo. Pero yo no haría esa distinción, sino una distinción, quizá más materialista, entre estado y proceso. No tengo claro hasta qué punto el esencialismo no puede ser dinámico en algunas circunstancias. Y también he echado de menos otro concepto que me parece fundamental para hablar del existencialismo y de la noción del proceso, que es el proceso dialéctico de Hegel. No veo tan claro que el idealismo no lleve un dinamismo implícito. El existencialismo, en su dinámica, tiene correspondencias más biunívocas, entre un concepto material y un concepto ideal, que es el símbolo. Ahí os remito al trabajo de Paul de Man, sobre el símbolo y la alegoría, vinculado al trabajo de Walter Benjamin, y también, por supuesto, a Derrida.

También he echado de menos una distinción, que me parece muy interesante en una discusión sobre el mito, que es la distinción entre sistema abierto y sistema cerrado. Cuando se trabaja con estructuras hay que pensar si cambian con el tiempo, si están abiertas culturalmente, o están materialmente determinadas. En relación a esto, me encanta la definición de tema de Javier del Prado.

Javier del Prado: Yo en esta discusión me sitúo a partir de la escritura. Empiezo a razonar a partir de la escritura, y del tema como estructura textual. Lo demás no pertenece a mi elaboración personal. Yo no soy mitólogo. Yo empiezo a pensar a partir del texto. No elaboro pensamiento. Soy literato, vamos a llamarlo así, y mi reflexión empieza a partir del tema, como le he definido. Para explicar esto puedo echar mano incluso de Durand o Piaget y la ensoñación infantil o simbólica. Pero no tengo una definición de mito, de tema sí, del elemento mínimo, y de ahí parto al elemento máximo, y de ahí a la obra y a la totalidad de la Obra con mayúscula. José Manuel ha hecho una incursión que puedo seguir como lector, pero no como fabricador de pensamiento.

Asunción López-Varela: Me gusta esta definición de Durand del mito como sistema dinámico que tiende a componerse en relato. Yo entiendo relato como serie de encadenaciones causa-efecto, que van tematizadas, pero que busca una conexión entre elementos, por razón mnemotécnica, porque nuestros esquemas cognitivos fundamentales funcionan por asociación de ideas. Nuestra idea del mundo se organiza a través de relatos. Intuitivamente, yo veo que las versiones antiguas del mito se ligan a lo biológico, lo físico, a la raíz más básica del ser humano. Después se va volviendo más cultural, y creo que los mitos modernos son mitos de raíz tecnológica, y podríamos enlazar con Baudrillard.

María Luisa Guerrero: Cuando hablas de mitos modernos, ¿hablas de adaptaciones modernas del mito?

Asunción López-Varela: Más bien de relecturas.

Javier del Prado: Durand diría que el cupo de mitos está cerrado, que lo que se pueden hacer son reinterpretaciones del mito. Los mitos para él son de valor permanente. Yo no sé si el devenir de la humanidad podrá formular nuevos mitologemas. Mi sistema epistemológico abierto me obliga a decir: “¿por qué no?”.

Asunción López-Varela: Pero si tienen una base materialista, biológica...

María Luisa Guerrero: Me rebelo contra esa base biológica del mito. Javier del Prado: Incluso así, hay mitos de carácter puramente biológico que se han clausurado. El pensamiento nunca debe estar cerrado a ninguna posibilidad.

María Luisa Guerrero: Sí, creo que habrá nuevos mitologemas.

Javier del Prado: Ser sin padre es un mitologema nuevo. Hay que dejar abierta la posibilidad de que haya nuevos mitos, igual que se cierran otros. Todavía no se ha cerrado el mito del origen del hombre, pero igual se cierra algún día, no lo sé.

Asunción López-Varela: Pero ese esquema es muy complicado, porque si se cierra la noción del origen, ¿cómo se explica el proceso? Porque desaparecería la causa?

Javier del Prado: Hay un espacio arquetípico que va a desaparecer, que es que toda llegada a la vida es mediante el dolor. Igual que el arquetipo de la culpa en algunas estructuras sociales está dejando de funcionar. Esto no impide el concepto de proceso, el proceso es tener abierta la posibilidad de que el hombre está regido por la voluntad de horizonte, y cuando llegamos a un horizonte, nos creamos otro, y entonces otro, es el símbolo del centauro: siempre añoramos el nido que hemos abandonado. Eso mantiene el proceso. Me ha parecido muy interesante la distinción entre estado y proceso, que visualiza en cierto modo el concepto de esencia y existencia. Voy a plantear ahora la pregunta perversa que quería hacer: el cristianismo ¿es esencialista o existencialista?

María Luisa Guerrero: Esencialista.

Javier del Prado: Para mí, no, es existencialista.

Maria Luisa Guerrero: No, hay un punto de partida, que es el pecado original.

Asunción López-Varela: Para mí es esencialista porque es un sistema cerrado.

Javier del Prado: Si fuera un sistema cerrado, no existiría la posibilidad de condena o de salvación, ni el concepto de perfección.

María Luisa Guerrero: Estamos predefinidos por el pecado original.

Javier del Prado: Si estuviésemos predefinidos por el pecado original, no existiría el libre albedrío. Y si hay libre albedrío es un sistema abierto y es un proceso, hasta el punto de que san Pablo establece la dinámica perfecta entre la vida vieja y la vida nueva.

María Luisa Guerrero: Pero hay una vida vieja primera, un punto de partida, que es la historia de la criatura.

José Manuel Losada: La evolución del cristiano se construye conforme a la vida nueva. Si fuera un esencialismo cerrado, el concepto de salvación y condena no sería posible.

María Luisa Guerrero: Entonces es un esencialismo abierto si quieres.

José Manuel Losada: Lo voy a resumir en treinta segundos. El esencialismo es estático, hasta el idealismo alemán. El cristianismo no es esencialista ni existencialista, es paradójico. Yo considero que el cristianismo no dice no a la existencia ni a la esencia, su visión es ontológica. Si optara por la esencia, y la priorizara de modo absoluto, caería en la ideología del esencialismo. Y si optase por la existencia, en su opuesto.

María Luisa Guerrero: Claro, sería humanitarismo sin apertura trascendente.

José Manuel Losada: Por eso he hecho dos cuñas al principio, y he dicho que yo pondría a Aristóteles y Tomás de Aquino en la ontología, y por eso he dicho, desde la perspectiva de la esencia, o de la existencia, porque si hablamos de esencialismo o existenicialismo caemos en la ideología. En el momento en el que caiga en uno de los dos lados, se convertirá en cristianismo deformado. Desde mi definición, no puedo decir que el cristianismo sea esencialista o existencialista. Es ontológico.

María Luisa Guerrero: Pero el ontologismo es otra ideología.

José Manuel Losada: El ontologismo, sí; la concepción ontológica, no.

Javier del Prado: En Francia tenemos un existencialismo cristiano que no podemos soslayar, y que se basa en el concepto del devenir, y se asienta en el principio del ser como devenir. Y es curioso que, justamente, para asumir el principio agónico de esta existencia, el gran mito que presentan es el tema de Jesús en el monte de los olivos.

José Manuel Losada: Que es el pasaje más existencialista.

Javier del Prado: Me parece bien esa aproximación que has hecho.

María Luisa Guerrero: Sí, pero me parece otra ideología.

Lourdes Carriedo: Quería formular otra pregunta, aunque quizá queda para otra discusión, este mitologema de ser sin padre, ¿sigue rigiendo hoy?

Javier del Prado: Gide, uno de los autores de la muerte del padre en el siglo XX, no trata el tema de la paternidad en Les Nourritures terrestres, pero no puede soslayar el tema del mentor. Habría que estudiarlo.

Lourdes Carriedo: Porque sus novelas tienen estructura iniciática.

María Luisa Guerero: Es el punto de partida, la orfandad, la búsqueda de referentes.

Asunción López-Varela: Es una estructura de progreso a la que estamos abocados, que se basa en nuestro presente (sensaciones), nuestro pasado (memoria) y nuestro futuro (lo que vamos a hacer). El pasado es la herencia, el padre, ¿podemos vivir sin pasado, cuando el posmodernismo está parasitando el pasado continuamente?

María Luisa Guerrero: Lo utilizan de un modo pervertido, lo parodian.

José Manuel Losada: Lo veremos en sesiones futuras.

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